A ver... ¿quién no ha sentido alguna vez que hay algo que le atormenta, le inquieta, le perturba? (Sí, ya sé que esta frase te suena).

Hay muchos momentos en la vida en los que se pasa por épocas difíciles. Rupturas amorosas, una enfermedad o la muerte de un ser querido, la sensación continua de insatisfacción o “no poder más”, crisis vitales, fobias o épocas de estrés que se te van de las manos, solo por nombrar unas cuantas.

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Sea cual sea el motivo, es frecuente que aunque te plantees ir a terapia te vengan a la cabeza un montón de ideas preconcebidas sobre lo que significa acudir a un psicólogo, heredadas en su mayor parte de la cultura popular, y que éstas hagan que te pienses dos veces la decisión que estás considerando.

Ya sabes, como esas imágenes que has visto de terapeutas en el cine y en la tv del tipo que estamos fatal de lo nuestro, que somos muy complicados y profundos, que nada más conocer a alguien ya lo estamos psicoanalizando o que te vas a quedar peor de lo que estabas.

Si además sumamos el hecho de que un proceso de psicoterapia además de requerir una inversión de energía, tiempo y dinero también conlleva trabajo personal y compromiso con uno mismo entonces apaga y vámonos, ya te da pereza total.

Pasas del tema e intentas llevar tu situación lo mejor posible.

Tu salud emocional no merece que unos cuantos mitos fácilmente desmontables te aparten de ella.

Así que sigue leyendo si quieres conocer la verdad sobre los mitos sobre la psicoterapia que me encuentro con más frecuencia.

1. Si voy al psicólogo es que estoy loco.

Obviamente, no. Ya no estamos en la época victoriana. Simplemente estás viviendo una situación personal-relacional que no puedes solucionar tú solo.

Cualquier persona pasa por momentos en los que se puede sentir sin recursos para enfrentarse a una situación que le preocupa o le produce malestar.

El concepto de enfermedad mental para referirnos a dificultades emocionales ya está un poco anticuado, aunque se sigue utilizando para patologías muy severas y en los manuales diagnósticos.

Hoy en día la psicoterapia está más enfocada al cambio y a la adquisición de nuevas estrategias de salud mental y bienestar emocional.

También a que te redescubras de modo que encuentres tus propias soluciones y a que desarrolles tu potencial de crecimiento como persona.

2. El psicólogo va a saber lo que me pasa nada más verme.

Ok, es verdad que estamos entrenados para observar un poco más allá de lo evidente y en la primera sesión ya podemos hacer bastantes hipótesis, pero no podemos saber de inmediato qué es lo que te pasa. ¡Ojalá!

La de tiempo que nos ahorraríamos. Pero la verdad es que conocerte de verdad lleva tiempo, para ti y para mi. Los ritmos de cada persona son diferentes y no todos nos abrimos a la primera.

Además perdería el encanto: lo bonito de la psicoterapia es precisamente acompañarte a que te conozcas a ti mismo y verte crecer y superar tus dificultades.

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3. Ir a terapia es lo mismo que hablar con un amigo pero pagando.

O en su versión cañí “ir al psicólogo es lo mismo que hablar con el cura pero pagando”.

Desde luego que tus amigos y tu familia son fuentes de apoyo muy importantes que te van a ayudar en muchos momentos de tu vida. Sin embargo, la relación que tienes con un profesional de la psicoterapia es algo muy distinto.

Es una relación terapéutica, dirigida a darte un acompañamiento especializado y una visión objetiva del ser humano basado en años de formación y experiencia.

El espacio creado en la consulta entre profesional y paciente es un laboratorio de la vida, preparado para que encuentres nuevas maneras de resolver tus conflictos en un entorno de aceptación y protección.

4. Todas las terapias son iguales

Pues la verdad es que no. Hay tantas maneras de hacer terapia como profesionales que las realizan. Es verdad que encuadramos nuestro trabajo bajo un enfoque psicológico que nos ayuda a estructurar nuestras intervenciones y que suele ser afín a nuestra manera de ser.

Los más conocidos: el psicoanálisis, la psicoterapia humanista y la cognitivo-conductual.

Luego en la práctica además cada uno aporta su propia manera de hacer las cosas. Y teniendo en cuenta que todas las personas somos diferentes y que cada relación es un mundo, no hay dos terapias iguales.

En todo caso asegúrate siempre de tener alguna referencia sobre el profesional que elijas, además de que cuente con las certificaciones correspondientes.

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5. La terapia dura mucho y en realidad no sirve para nada

La duración de la terapia es completamente variable dependiendo de las metas que quieras conseguir y de tu motivo de consulta. Dependiendo del caso, lo habitual es entre seis meses y dos años.

Para que tenga éxito es muy importante tu compromiso, que conectes con tu terapeuta y marquéis juntos unos objetivos definidos de cambio.

De esa manera, con confianza y constancia, enseguida comenzarás a notar cambios en ti y en la manera en la que vives tu vida.

En definitiva, es como cuando te quieres poner en forma porque llega el verano y quieres conseguir un cuerpo danone apuntándote al gimnasio en mayo.

Te apuntas, vas tres meses, ves mejoría en tu forma física y te sientes fenomenal pero luego llega el invierno y te da pereza volver porque hace frío y apetece estar en casa con la mantita y una peli.

Si te acomodas y no sigues pierdes los resultados que has conseguido, pero si eres constante cada vez te sentirás mejor y los cambios serán mucho más duraderos.

¿Te ha gustado este post? Déjame tu comentario aquí abajo, me encantará saber si alguna vez te has topado con alguno de estos mitos. ¡Gracias!

Un abrazo.

Cristina

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