las_señales_de_tu_cuerpo_portadaA mi me pasa siempre que estoy preocupada por algo. Bueno, no se trata solo de preocupación, sino de que me cueste afrontar algún tipo de emoción o expresar lo que siento.

Se me pone un nudo en el estómago, me duele la cabeza, casi no puedo comer y me quedo sin energía, sin ganas de hacer nada.

Y la única manera de que se me pase es cuando tengo el valor de reconocer lo que siento y expresarlo adecuadamente.

Ahora piensa por un momento y trata de recordar algún momento en el que has tratado de evitar afrontar una situación incómoda. O no has reconocido tu tristeza, tu miedo o tu ira y te lo has guardado para ti.

¿Cómo sentías tu cuerpo?

Cuerpo, mente y emociones son uno

La relación entre cuerpo, mente y emociones ha sido ampliamente estudiada por la Psicología y la Neurociencia y hoy en día ya no queda ninguna duda: funcionamos como un organismo total.

Cómo te mueves, tus gestos, tus bloqueos corporales e incluso la manera en que te sientas transmite mensajes tanto sobre tu personalidad como sobre la manera que tienes de experimentar tus emociones y vivencias. Tu cuerpo refleja tu psique.

Seguro que tú también te has fijado en pequeños gestos de otros que delatan lo que sienten. O te has dado cuenta de que, como a mi, cada vez que tienes un atasco emocional tu cuerpo se resiente de alguna manera.

Por ejemplo, imagina que has tenido una discusión muy grande con tu pareja y llega un momento en que cada uno se va por su lado sin resolver nada. Si tuvieras que colocar en alguna parte de tu cuerpo el malestar emocional que sientes, ¿dónde estaría? Seguro que puedes localizarlo físicamente como una molestia, quizá en la garganta, en el estómago o en la cabeza.

Casi todos en algún momento de conflicto somatizamos algún tipo de malestar emocional, que puede resolverse más o menos cuando se arregla la situación.

Sin embargo hay ocasiones en las que guardamos, acumulamos o directamente nos cuesta afrontar nuestros propios sentimientos. Y las emociones, aunque no se vean, son entidades reales con una energía concreta que se almacena dentro de nosotros si no les damos salida.

Lo no expresado, los asuntos no reconocidos por nosotros siempre encuentran una manera de salir y llamar nuestra atención.

Cuando esos asuntos son antiguos o demasiado dolorosos, no somos siempre capaces de reconocer su existencia ni darnos cuenta de cómo afectan a nuestra salud. En estos casos, pueden terminar originando una serie de síntomas físicos muy reales y que causan mucho sufrimiento a la persona que los padece.

Lo que diferencia a este conjunto de síntomas de otros es que no pueden identificarse con ninguna enfermedad conocida y clasificada. Se consideran entonces enfermedades psicosomáticas.

El origen de las enfermedades psicosomáticas

El cuerpo graba y codifica lo que la mente olvida. Es el medio principal por el que se manifiesta el inconsciente y los conflictos intrapsíquicos no resueltos.

las_señales_del_cuerpo_joyceUna de las autoras que ha estudiado con más profundidad este fenómeno es Joyce McDougall. Según esta autora, existe una tendencia a somatizar cuando las circunstancias externas o internas a nosotros sobrepasan nuestras formas psicológicas habituales de resistencia.

El síntoma psicosomático cumple una función defensiva y protectora ante la angustia que provoca nombrar lo que sucede en la realidad psíquica, se convierte en una especie de válvula de escape. Existe un conflicto interno al que no se le pueden poner palabras ya que sobrepasa nuestra psique, así que el conflicto encuentra otra manera de manifestarse.

McDougall sitúa el origen de estos síntomas en la primera infancia, cuando se ha producido un hecho que conlleva una emoción dolorosa y un silencio, algo que se guarda porque no se ha podido expresar, y que encuentra su modo de expresión en un cuerpo que enferma. Además resalta la suma importancia del vínculo primario que establece el bebé con su madre y a cómo se resuelve el proceso de diferenciación materna.

Esta experiencia dolorosa se reprime inconscientemente y puede dar lugar a fenómenos defensivos como la sobreadaptación del individuo a las exigencias del entorno, a costa de sus necesidades emocionales, y la escisión o disociación de la experiencia traumática. Cuando esto sucede, el cuerpo comienza a hablar lo que la palabra no puede, lo que no se ha podido elaborar psíquicamente.

  • Algunas personas tienen dificultades para nombrar sus afectos, les cuesta encontrar una conexión entre experiencia y emoción. También pueden vivenciar su cuerpo de manera ajena, no experimentarlo como propio, ajenos al sufrimiento que les provoca el síntoma.
  • Otros pueden desarrollar personalidades de “tipo adictivo”, en los que el objeto de adicción cumple la función de reducir el dolor psíquico experimentado por el sujeto.
  • Sea como fuere, en situaciones de estrés o en momentos en lo que sienta que se repite el suceso traumático, será muy probable que la persona manifieste un síntoma psicosomático. Entre los más frecuentes encontramos alergias y otros trastornos de la piel, además de gastritis, úlceras, asma, contracturas o migrañas.

Ahora, la neuróloga y divulgadora Suzanne O'Sullivan apoya esta concepción holística del ser humano en su libro "Todo está en tu cabeza". Después de años tratando a este tipo de pacientes ha llegado a la misma conclusión a la que tantos investigadores dedicaron sus estudios: el poder de la mente sobre el cuerpo es ilimitado.

¿Qué puedes hacer para entender las señales de tu cuerpo?

Te propongo un pequeño ejercicio que puede ayudarte a entender mejor lo que sientes y puedas hacerte cargo de ello. Apunta las respuestas en un cuaderno.

  1. Cada vez que sientas algún tipo de malestar lleva la atención a las sensaciones físicas de tu cuerpo. ¿Qué, cómo y dónde lo sientes? Obsérvalo con atención curiosa, sin juicios.
  2. Ahora imagina que ese malestar tiene voz. Puedes preguntarle si hay algo que quiera comunicarte con estas preguntas: ¿para qué apareces ahora? ¿De qué me estás avisando?
  3. Trata ahora de ponerte en su lugar y comprenderlo. ¿Qué crees que te diría ese malestar? ¿Cómo se siente ser tu síntoma? ¿Crees que a tu síntoma le gusta aparecer?
  4. Intenta mirarle con amabilidad y sé sincero contigo mismo. ¿Hay algún asunto que necesite ser resuelto? ¿Cómo puedes hacerlo, qué necesitas?
  5. Y por último: dirige tu acción a expresar/resolver aquello que necesite ser atendido.
A modo de conclusión: tu cuerpo te mandará una señal cuando exista algún asunto o conflicto por resolver. No atenderlo puede desembocar en molestias y dolencias muy reales, que te limitan no solo físicamente sino psicológicamente. Por eso, para vivir una vida plena, auténtica y realizada es tan importante que aprendas a reconocer tus emociones y expresarlas de manera saludable.

Y por último, si te cuesta mucho expresar, comprender o resolver tus bloqueos emocionales y los síntomas físicos que los acompañan no dudes en pedir ayuda a un profesional de la psicoterapia. Te acompañará en el proceso de entenderlos mejor y te ayudará a adquirir herramientas para que puedas resolverlos.

Y tú, ¿sabes escuchar las señales de tu cuerpo? ¿Cómo resuelves el malestar emocional?

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Fuente foto Joyce McDougall

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