Coral Roncero

Cuando me decidí empezar terapia de lo único que tenía ganas es de quedarme dormida y dejar que pasase el tiempo para que todo lo que sentía se quedase atrás. Me sentía incomprendida, no sabía poner nombre a la mitad de mis emociones y sentía que no podía dejar de pensar ni un minuto, ni siquiera cuando dormía.

Me sentía cansada, física y sobre todo mentalmente. Irritada constantemente, sin autocontrol en mi forma de comunicarme con las personas. También sentía que no podría volver a confiar en nadie porque no podía equivocarme, sentía que no podría volver a querer a nadie ni dejar que nadie me quisiera, porque eso me hacía vulnerable y sobre todo porque no quería volver a sufrir.

Como cambios específicos después de trabajar contigo, una mejor gestión de mis emociones, sé ponerles nombre y no me niego el derecho a sentir ninguna de ellas. Empoderamiento con aquello que creía que me superaba. Lenguaje más asertivo y mayor comunicación con las personas que quiero. Ilusión por enfrentarme a mis problemas, y dejar de sentir que lo único que podía hacerme sentir mejor era dejar que pasara el tiempo.

Ahora me siento como si hubiese florecido. Ya no tengo ganas de quedarme dormida y que el tiempo pase, ahora sé que soy yo quien decide qué hacer y no el paso de los días. Me siento más valiente, y he adquirido más conocimientos sobre mí y sobre la gestión de todas las emociones que siento. He aprendido que no es tan malo como creía ser sensible, y que gracias a mi sensibilidad puedo detectar y adelantarme a situaciones cotidianas. Además, personas que ya me conocían me agradecen haber podido redescubrirme en este último tiempo, algo que me hace sentirme orgullosa de mí misma después del trabajo conmigo para no esconder ciertas cosas de mí y seguir rompiendo los esquemas que me habían impuesto. Otras personas que acaban de conocerme ven en mí una persona cercana y de confianza en quién apoyarse y celebrar algunas cosas. Me llena de felicidad ver que no solo he podido aprender sobre mí, sino que ahora puedo (desde mis posibilidades) mostrar a otras personas que el camino de la aceptación a una misma tiene resultados maravillosos.
El reflejo que proyecto en otras personas, termina por darme la seguridad de que hemos hecho un buen trabajo, estoy muy agradecida por tu ayuda.

Destacaría de tu trabajo ser una persona cercana, jovial, agradable y una mujer llena de valores y principios que te permiten trabajar desde el respeto y la empatía.
Creí que yendo a terapia dejaría que me conociesen, pero no sabía que también yo conocería parte de una persona, algo que (en mi caso) ha sido fundamental para sentirme cómoda y tranquila en las consultas.
Destacaría además tú manera de transmitir conocimientos, para mí ha sido muy importante que no solo me dieses respuestas desde tus conocimientos como psicóloga, sino desde la racionalidad, los estudios, los libros, las canciones, el cine o las citas célebres de personajes que admiro.

Claro que te recomendaría, simplemente diría lo mismo que ya he dicho: mi psicóloga es muy buena, a mí me ha ayudado mucho porque trabajamos con objetivos claros. Toma su número.

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