Tucker-and-Dale-profecias-autocumplidas

Alguna vez seguro que te has escuchado decir algo así como:

Es que sabía que esto iba a pasar, lo veía venir.
 
Me han dicho que es muy difícil, para qué intentarlo.

Sabía que me diría que no y por eso no le pregunté.

Y te quedas tan a gusto con tus poderes adivinatorios, que además encajan perfectamente con tus ideas preconcebidas sobre ese hecho particular.

Pero... ¿puedes afirmar con seguridad que lo que pensaste que iba a pasar, era lo que realmente iba a pasar?

Esta semana quiero hablarte de un fenómeno psicológico que está condicionando tu vida mucho más de lo que crees.

Para ello rescato parte de un artículo que escribí para mi primer blog allá por el 2011. Y que además resulta ser un aperitivo perfecto para el próximo Halloween 😉

ATENCIÓN, A PARTIR DE AHORA VIENEN SPOILERS

¿Lo que pensamos que va a pasar, moldea los hechos que realmente pasan?

“Tucker and Dale Vs. Evil”, dirigida por Eli Craig en 2010 y ganadora del premio “Mejor Película” en la sección Panorama del Festival de Sitges, responde a esta pregunta de una manera delirante y divertida (a la par que gore).

El argumento se desarrolla a partir de las expectativas y prejuicios de un grupo de estudiantes de college americano que, alegremente como sólo ellos saben hacerlo, se van a pasar un fin de semana de acampada en las montañas de West Virginia.

Durante el camino se cruzan con los dos “montañeses” Tucker y Dale, de los que enseguida asumen a partir de su aspecto que son unos psychokillers y que ellos van a ser sus próximas víctimas.

 

No recomendada para estómagos sensibles

Esa concepción errónea de la realidad, que nada tiene que ver con los adorables protagonistas, lleva a los estudiantes a interpretar los acontecimientos que van sucediendo en la película de modo que encajen con esta idea, llegando a provocar al final...

Bueno, no quiero destriparte el final, pero sí te diré que este grupo de estudiantes confirma una profecía autocumplida.

El poder de las profecías autocumplidas

Tomando la definición de Merton en su obra “Teoría social y estructura social”, la profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición “falsa” de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva “verdadera”.

Es decir, es una predicción que una vez hecha es en sí misma la causa de que se haga realidad. Pero está basada en una creencia que, a priori, no tiene por qué ser cierta.

Al definir esta idea como real, toda la información que selecciones respecto a la situación la harás de manera que encaje con esa idea. Esto va a producir que tus acciones vayan encaminadas a confirmarla, con lo que inevitablemente termina sucediendo tal y como habías previsto.

Tiene mucho que ver con el efecto Pigmalión, o suceso en el que una persona consigue lo que se propuso previamente debido a la creencia o expectativa de que puede conseguirlo.

Rosenthal y Jacobson (1968) estudiaron el efecto Pigmalión desde la perspectiva de la profecía autorrealizada en el ámbito educativo, en un estudio clásico en el que se demostraron los efectos de las expectativas de los profesores sobre el rendimiento de los alumnos.

En éste se comprobó que si el profesor con una nueva clase de alumnos piensa de antemano que un estudiante es brillante le tratará de manera que favorezca esa conclusión.

Por ejemplo, dándole más tiempo en la elaboración de respuestas, en explicaciones... con lo que el alumno efectivamente recibe una enseñanza más positiva y orientada a sacar mejores resultados.

Un ejemplo de ello lo tenemos en la película “My Fair Lady”, basada en el Pygmalion de G. B. Shaw.

En ella el profesor Henry Higgins (con un fantástico Rex Harrison), reproduciendo el mito clásico del que el efecto toma su nombre, supera sus propias expectativas al convertir a Eliza Doolittle, una violetera callejera, en una duquesa que convence a los más altos expertos en protocolo.

 

El efecto a la inversa

El efecto, claro está, también se reproduce a la inversa.  Las expectativas que colocas en ti mismx moldean el resultado de tus acciones.

Si al enfrentarte a una nueva situación anticipas de antemano que va a ir mal, o tienes la creencia de que no lograrás, vas a actuar de manera que todo lo que suceda va a encajar con este pensamiento.

Aquí pueden pasar dos cosas:

  • Pasan una serie de catastróficas desdichas que efectivamente confirman que no podías lograrlo.
  • Que ni siquiera lo intentes.

También sucederá cada vez que emitas un juicio o coloques expectativas de algún tipo sobre otra persona, tanto para bien como para mal. Todo lo que suceda entre vosotros irá encaminado a cumplir esa profecía.

En “Tucker and Dale vs. Evil” sucede exactamente eso. Los estudiantes realizan la profecía tomando como base un prejuicio, que es una idea preconcebida y no ajustada a la realidad (ya que no la hemos comprobado previamente).

Tucker y Dale son simplemente un par de amigos que quieren pasar el fin de semana pescando. Pero tienen pinta de hilbillies, un estereotipo que los universitarios asocian al del típico asesino tipo “La matanza de Texas.

Los estudiantes se ven a si mismos como la carnaza. Con esta idea en la cabeza, ven todo lo que hacen los dos amigos, por más lejos que esté de ser cierto, como acciones que encajan con esta idea... Con consecuencias fatales a la par que cómicas para el grupo.

¿Cómo te limitan las profecías autocumplidas?

Cuando sucede en la infancia, las expectativas positivas que otras personas ponían sobre ti, del tipo “puedes lograrlo”, “lo conseguirás”, seguramente te ayudaron a que al final lo lograras. Te ayudaron a afrontar con mejor ánimo las tareas que tenías que hacer y te dieron ese empuje que necesitas.

Esto es fundamental para desarrollar autoconfianza y un diálogo interno empoderante con el que afrontar cualquier reto al ser adultos.

Pero si al contrario, cada vez que ante una nueva tarea lo que recibías eran desánimos o mensajes del tipo “no lo conseguirás”, “no eres capaz de hacerlo”, lo más seguro es que termines creyendo que efectivamente eres alguien poco capaz.

Esto es letal para la autoconfianza porque queda interiorizado como un diálogo interno que genera emociones dolorosas y con el que, inconscientemente, te acabarás autoboicoteando.

También sucederá con cualquier etiqueta que te hayan puesto: la guapa, el listo, la rebelde, el raro… Las etiquetas en este caso funcionan como unas gafas distorsionadas que terminan condicionando el modo en que vives tu vida.

Y siguiendo con el ejemplo de Tucker y Dale, emitir profecías sobre cómo son los demás basadas en sus pintas, en cosas que te han dicho que no son ciertas o en generalizaciones absurdas (como por ejemplo: toda la gente de pueblo son paletos psychokillers) puede llegar a tener malas consecuencias… Para tus relaciones y en tu bienestar.

Por eso es importante que comiences a prestar atención a la manera en que predices los hechos de tu vida.

¿Cómo evitar caer en profecías autocumplidas negativas?

Te propongo que, a partir de ahora, comiences a reflexionar sobre la manera en la que predices la realidad.

Ahora te voy a pedir que realices un pequeño ejercicio. Recuerda que no hay respuestas buenas ni malas, solo se trata de tomar conciencia de las veces que puede que te hayas dejado llevar por un prejuicio, etiqueta o generalización.

Trata de responder siendo sincerx contigx mismx:

*¿Eres de los que suelen decir “piensa mal y acertarás”?

*¿Puedes recordar 3 o cuatro veces en las que hayas dejado de hacer, o de pedir, algo que querías porque creías de antemano que no lo lograrías?

*¿Te has llevado mal con alguien, sin conocerle, porque te dijeron algo antes de esa persona que no sabes si es cierto?

*¿Sueles anticipar el final de tus relaciones?

*¿Cómo te has sentido en todas estas ocasiones?

*¿Qué consecuencias hubo?

*¿Crees que mereció la pena actuar así?

*¿Hiciste de verdad algo en la realidad, para cambiar esa creencia?

 Presta atención a tu lenguaje y tus emociones

Si has contestado de manera afirmativa a las cinco primeras preguntas, es probable que aparecieran emociones como miedo, ira, tristeza, vergüenza, ansiedad… Que suelen estar asociadas a las anticipaciones negativas.

Comienza a prestar atención a qué tipo de lenguaje utilizas cuando comienzas a imaginar el resultado de tus acciones e interacciones con los demás. En caso de que te des cuenta de lo que predomina son pensamientos negativos “ni de coña lo lograré”, “el tipo ese de ahí, cuestiónalos:

¿Sabes a ciencia cierta si todo eso es real? ¿Tienes pruebas contrastadas de ello?

Haz pruebas de realidad

Esto es algo que les insisto muchísimo a las personas que atiendo en la consulta. Por ejemplo, ante situaciones en las que no te sientas capaz. O cuando anticipas respuestas de otras personas a las que quieres pedir algo.

Hasta que no te lances a la piscina, o preguntes directamente, nunca sabrás si lo que imaginas es, de hecho, real.

¿Crees que te dirán que no? Pregunta.

¿Piensas que es muy difícil conseguir una plaza en la Escuela de Idiomas? Echa la solicitud.

¿Estás segurx de que la vecina es tonta porque es rubia? Habla con ella.

¿Seguro que no eres capaz? Inténtalo.

Rodéate de personas que te ayuden a subir, no que te ayuden a bajar

Creo que este se explica por si solo. Puestxs a recibir profecías y expectativas por parte de otras personas, ¡que al menos sean positivas! La vida cambia de color cuando tienes a tu lado personas que te apoyan, te animan y creen en ti.

Fomenta siempre las relaciones con esas personas.

Tú también puedes ser el Pigmalión de alguien

Esperar lo peor de la gente no te va a librar de llevarte decepciones. ¿Por qué no pruebas a esperar lo mejor? Cuando haces esto puedes contribuir a que esa persona desarrolle la confianza necesaria para llevar a cabo su proyecto. O inspirarla lo suficiente para que se atreva con algo que hasta ahora no había hecho.

Además, para recibir, es importante aprender a dar. Y de esta manera también contribuirás a hacer de este mundo un lugar más amable para vivir.

Lo dejamos aquí por hoy. Espero que te haya gustado este post y que te ayude a afrontar tu vida de una manera más positiva. Y si te animas a ver Tucker and Dale vs. Evil para ir calentando el Halloween, me encantará que me cuentes qué te ha parecido.

P.D. ¡No recomendada para estómagos sensibles!

Ahora cuéntame en los comentarios: ¿sueles predecir de manera negativa los acontecimientos de tu vida? ¿Has roto alguna vez con una profecía autocumplida?

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