¿Eres de esas personas a las que les cuesta parar sus pensamientos, sobre todo si son negativos?

¿Te llegan a producir sensación de agobio o te paralizan?

¿Anticipas demasiado el futuro, hasta el punto que te bloqueas?

ansiedad

Si la respuesta es que sí, es posible que te hayan dicho más de una vez que te comes demasiado la cabeza (y probablemente hayas estado de acuerdo).

En el fondo sabes que hacer esto no te lleva a ninguna parte y of course que te gustaría que no te pasara, pero ya sabemos que desearlo es mucho más fácil que hacerlo.

La capacidad mental y de raciocinio es la capacidad que te diferencia como ser humano. Te permite razonar, imaginar, elaborar el lenguaje, analizar, crear. Es una herramienta maravillosa que te permite avanzar y crecer.

Pero también puede llegar a jugar malas pasadas, como cuando te quedas enganchado a pensamientos que pueden llegar a convertirse en obsesivos y convertirse en una fuente importante de ansiedad y sufrimiento.

Cuando entras en la dinámica de “rallarte” tu cuerpo también sufre. Se eleva la tasa cardíaca y la respiración se acelera, los músculos se tensan y se contraen provocando fuertes dolores, pueden aparecer migrañas y molestias digestivas.

Y si esto es muy constante en tu vida pueden aparecer síntomas de aún mayor gravedad.

El cuerpo y la mente no son entidades separadas, sino que forman parte de un circuito interconectado formado por tus pensamientos-tus emociones-tu cuerpo.

Por eso, lo que hoy te propongo es un ejercicio muy sencillo que en Oriente se viene practicando desde hace siglos y que hoy en día, mediante técnicas de mindfulness, cada vez se aplica más en Occidente para ayudar a relajar la mente y el cuerpo: poner conciencia en tu respiración.

Aprender a utilizar tu respiración y poner atención plena en el proceso de respirar ayuda a regular las respuestas fisiológicas que se producen en el sistema nervioso simpático. Este es el responsable de preparar al cuerpo en situaciones de amenaza.

Cuando utilizas la respiración consciente ayudas al sistema nervioso parasimpático a tomar el control de tus respuestas, facilitando así la relajación de tu cuerpo y por tanto de tu mente.

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Un ejercicio práctico para controlar tu ansiedad

Al principio puede costar un poco concentrarte, pero te aseguro que tras unos días practicando cada vez te será más fácil interiorizar la técnica y aplicarla en cualquier lugar. Es suficiente con dedicarle cinco o diez minutos al día.

  • Para empezar trata de buscar un lugar y una postura cómodas, tratando de mantener la espalda recta para facilitar la entrada del aire y la apertura de las vías respiratorias.
  • Si te ayuda a concentrarte, puedes poner alguna música suave e instrumental, también puedes atenuar la luz de la habitación donde te encuentres.
  • Cierra los ojos y haz una inhalación suave, llevando toda tu atención al mero acto de respirar, a la sensación del aire que entra por tu nariz, al cosquilleo que te produce en tus fosas nasales, al recorrido que hace el aire desde que inhalas hasta que exhalas.
  • Visualiza este recorrido con tu imaginación, desde que coges aire hasta que tus pulmones se quedan vacíos. Si te ayuda puedes imaginar que el aire es de algún color que te resulte oxigenante y curativo.
  • Intenta con cada inhalación llevar el aire lo más abajo que puedas de tus pulmones, permite que se abra tu caja torácica, despacio para evitar riesgo de hiperventilación.
  • Puedes comenzar inhalando por dos o tres segundos, manteniendo un poquito el aire dentro después de la inhalación, y después exhalas durante cuatro o cinco segundos, según cada persona.
  • Es muy frecuente que cuando te invaden los pensamientos negativos y la ansiedad, la respiración no baje más allá de la zona del pecho. Coloca una mano justo debajo de la zona del esternón para facilitar la bajada del aire hasta la zona inferior de los pulmones.
  • Presta atención a las sensaciones físicas agradables que te produce esta ralentización de la respiración, imagina cómo el aire purifica y oxigena tus órganos, date cuenta de cómo lo necesitas para vivir.
  • Si aparecen pensamientos durante este proceso no te agobies, ¡es normal! Tu mente está programada para estar activa. Simplemente obsérvalos y déjalos pasar. Puedes imaginar que entran y salen por una puerta o una ventana de tu mente. Lo importante es que, aunque aparezcan, vuelvas a llevar tu atención al acto de respirar.

Después de unos minutos de práctica al día te sorprenderás de los resultados. Aprenderás a detener el flujo de tus pensamientos y a relajar tu cuerpo.

Recuerda que todas las situaciones son pasajeras, que todo está en constante proceso de transformación y que tú tienes el poder sobre tus pensamientos, no ellos sobre ti.

En cualquier caso, si los síntomas persisten o no se deben a una situación pasajera yo siempre recomiendo tratar la causa del problema con la ayuda de un profesional.

¿Has probado alguna vez este ejercicio? ¿Te ha funcionado? Cuéntamelo en los comentarios.

Un abrazo.

Cristina

Fuente imagen Uno.

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