RuPaul_portadaUn día te despiertas con una idea increíble en tu cabeza. Desayunas mientras sigues dándole vueltas una y otra vez. En el trabajo, la idea empieza a tomar una mejor forma. Esta idea es increíble. Te hace feliz solo de pensarla. ¿Qué puede ir mal?

Entonces, sientes una extraña sensación en tu cuerpo. La inseguridad se empieza a apoderar de ti. Y decides compartirla con alguien más. Aunque sabes perfectamente que más que compartirla, necesitas validarla:

“Cariño/Mamá/Papá/Toby/Bigotitos: Se me ha ocurrido algo. ¿Qué te parece si...?”

Y puede que no le guste esa idea, o te desanime, hasta que al final terminas renunciando a ella para no defraudar.

Si te suena esta situación, déjame decirte algo: la necesidad de aprobación está dominando tu vida. Estás totalmente capacitadx para crear y creer en tu propia vida. Sin el visto bueno de nadie. Lo sabes, pero no lo haces.

Es el momento de superarla y empezar a tomar tus propias decisiones.

El arte de agradar, el arte de engañar

¿Conoces a RuPaul? Si me sigues de hace tiempo, ya sabes que para mi es pura inspiración. Sabe perfectamente cómo derrumbar las normas y actuar guiado únicamente bajo su propio criterio.

Si no tienes el placer de conocerle, déjame hacerte una breve presentación. RuPaul es, además de cantante,  modelo y businessman, el genio que se esconde detrás del programa RuPaul`s Drag Race, un show donde se elige a la próxima superestrella drag de América.

Es un programa lleno de perlas de sabiduría sobre lo que significa tener amor propio, condensadas en su frase trademark: “Si no puedes amarte a ti misma, ¿cómo demonios crees que vas a poder amar a alguien más?” La utiliza siempre para cerrar el programa y tras un gran Amen!, las reinas se marcan unos bailes en el escenario.

Pero además de esta muestra a favor del self love, RuPaul nos enseña que detrás de todos los dramas de la vida, de los disfraces y apariencias, se esconde nuestra verdadera esencia. Y todos, todos, llevamos dentro la esencia del amor real. Lejos de intereses, de intercambios y de renuncias.

Siendo fiel a ti mismx y a tu verdad.

¿Por qué te cuento todo esto?

Verás. La necesidad de aprobación surge de otra incansable necesidad: la de complacer a los demás.

Detrás de la necesidad de complacer se esconden viejos fantasmas que aparecieron en nuestra infancia. Cuando éramos peques, llegamos a la conclusión de que solo merecíamos amor si hacíamos lo que nos decían. Así, se instalaron creencias del tipo “hay que portarse bien”, “no hay que ser egoísta pensando en lo que yo quiero” o “hay que gustarle a los demás”.

Estas creencias lo único que ocasionan es esclavizarnos bajo el visto bueno de otras personas importantes en nuestro círculo. En principio pudo ser mamá o papá, para posteriormente pasar a los profesores, amigos que nos importaban y finalmente, nuestras parejas.

El mecanismo de complacer se instala dentro de nosotros y comenzamos a actuar en consecuencia. Porque detrás de todo esto, al fin y al cabo, se encuentra la necesidad de pertenencia: el miedo al rechazo significa quedarse fuera del grupo. Esto, a nivel inconsciente, tiene muchísima potencia.

¿Y qué predispone a ello?

Dentro de los factores que predisponen a la necesidad de complacer, se pueden diferenciar dos:

Factores internos, que son aquellos que surgen de manera innata. Dentro de esta categoría, se encuentran necesidades psicológicas como el reconocimiento. Muchas de las decisiones que tomamos lo único que buscan es una caricia psicológica, es decir, un gesto que nos demuestre que somos reconocidos por otro de nuestro grupo.

Factores externos, que son los adquiridos a través de nuestra educación familiar y social. De esta manera, recibimos mensajes de mandato de complacer y adaptar nuestra conducta a lo establecido como correcto por otras personas: “Lo mío es tuyo, lo tuyo es mío”, porque “amar es compartir y renunciar” y “si estás calladitx te compro el juguete, pero tienes que compartirlo”.

Con todo esto, creamos nuestras conductas de adulto basadas en estos mecanismos: recibirás el cariño y la aprobación que necesitas (o que necesitabas y no tuviste) siempre y cuando complazcas las necesidades y actúes en base a los criterios de otro.

El mecanismo se activa cuando te enfrentas a situaciones en las que tienes que mostrarte de manera que otros puedan hacer un juicio sobre ti. Porque si el juicio es bueno, perfecto. ¿Pero y si el juicio es negativo? Exacto: tu inconsciente lo identifica como un rechazo, y con ello, abandono.

Sin embargo, la necesidad de aprobación constante nos proporciona algunos beneficios que pueden llegar a confundirnos. Por ejemplo, complacer a otro nos ayuda a reforzar nuestra identidad emocional: “soy una persona muy amable (y la más buena)”. También nos ayuda a tapar emociones incómodas, evitando el fastidio que supone hacerles frente.

Cuando renuncias a tu verdad, todos estos falsos beneficios no son más que una maniobra de distracción. La necesidad de aprobación tiene un lado muy oscuro, ya que además de limitar tu potencial de crecimiento, puede provocar que termines boicoteando tu propia felicidad. Este mecanismo se relaciona directamente con una baja autoestima.

Como ves, el arte de agradar esconde detrás el arte de engañar. Te estás engañando a ti mismx, cubriendo la necesidad de otro a costa de tus deseos, necesidades y valores. Engañas a los demás porque no te muestras como eres. Y el precio que tienes que pagar por ello te puede salir muy caro.

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Entierra la necesidad de aprobación

Para comenzar a superar estos mecanismos limitantes, el primer paso es entender que la aprobación más importante que necesitas es la tuya propia.

Comienza a darte lo que necesitas, identificando tu necesidad real. Puede ser que esa necesidad se encuentre en el pasado y que puedas dártelo ahora, en el presente. Aprende a llenar el vacío que las circunstancias te dejaron.

Es importante que te deshagas de la idea de que darte lo que necesitas es ser egoísta, sino quererte bien. Si no te quieres bien, tampoco podrás querer bien a otros (Amen!).

Reconocer tus necesidades puede costar un poco al principio, sobre todo porque solemos estar totalmente desconectadxs de ellas. Para hacerlo, aprende a sostenerte en cada emoción y una vez ahí pregúntate: ¿qué necesito?

Así, cuando te encuentres en alguna de estas situaciones, analiza qué necesidad se esconde detrás:

    • Si te sientes mal cuando alguien no está de acuerdo contigo.
    • Si finges saber de de algo cuando en realidad no sabes de qué te hablan.
    • Si haces algo que no quieres simplemente por miedo a decir que “no”.
    • Si tus emociones dependen de las opiniones de los demás.
    • Si te muestras demasiado amable, incluso si estás en desacuerdo con esa persona.

Todas estas situaciones manifiestan una necesidad de aprobación tras la que se encuentra una necesidad propia. Para aprender a reconocerla, puedes hacerlo como te cuento en este post.

También tendrás que trabajarte el miedo al rechazo. Darte permiso para mostrarte y realizar todo eso que no te atreves por miedo al qué dirán. Aquí te propongo un ejercicio que te ayudará a conseguirlo.

Hazte responsable

Al fin y al cabo, aferrarse a la necesidad de complacer esconde una falta de responsabilidad, o de poner la responsabilidad en un lugar erróneo.

No olvides que tú eres responsable de cómo te sientes, de tu propias decisiones y de cómo las afrontas. No eres responsable de cómo se sienten otros acerca de cómo se sienten acerca de sus propias decisiones y de cómo las afrontan.

Otros no son responsables de tus acciones y de las emociones que estas te generan. No puedes esconderte bajo esa sombra, la de que otros se ocupen de ti y se responsabilicen de tus actos, protegiéndote así de las consecuencias.

Eso alimenta el ciclo que te mantiene en la falta de confianza e inseguridad.

Hacerte responsable de tus emociones y decisiones te dará poder sobre ti. Asumir riesgos te brindará nuevas oportunidades y te ayudará a generar nuevos recursos de afrontamiento para el futuro.

 Un ejercicio sencillo

Te propongo un ejercicio práctico que te ayudará a trabajar la necesidad de aprobación constante.

Quiero que cojas un folio y lo partas por la mitad. Escribe la palabra SÍ bien grande, que ocupe todo lo que puedas. Obsérvalo fijamente, mientras respiras. Siente todo lo que esta sencilla palabra te transmite.

Ahora, dale la vuelta. Escribe de nuevo la palabra NO, igual de grande. Detente en cada letra, dibuja con conciencia la n, y después la o. Ya lo tienes: NO. Mírala, y vuelve a sentir lo que te llega.

Ahora, coloca el papel a la altura de tus ojos, con la parte del NO mirando hacia ti. Si te fijas, el SÍ mira para fuera, para los demás. Cuando dices que sí, estás diciéndote que no a ti mismx.

Pero cambia la perspectiva, y gira el papel. Decirle que No al exterior y darte el SÍ a tus necesidades, a lo que quieres y lo que sientes, es mucho mejor, ¿verdad?

A partir de ahora, cuando tomes una decisión, el SÍ tiene que estar girado hacia ti. Visualiza este ejercicio y si ves que el NO te está mirando… sabrás que no te estás siendo fiel a ti mismx.

Soy lo que soy

Eres lo que eres, sí. Y como dice el temazo con el que me quiero despedir hoy, “sin elogios, ni lástima. La vida no vale nada hasta que puedas gritar soy lo que soy”.

Te aseguro que eso es algo que han hecho RuPaul y las reinas de Drag Race.

Porque es casi imposible hacer lo que ellas hacen si hubieran negado quiénes son, sus deseos y su verdad.

Así que sube el volumen y pégate un baile si hace falta. La ocasión lo merece: ¡a partir de hoy, lo que tú sientas sí que cuenta!

 

Y tú, ¿te has dicho que No demasiadas veces por decir que Sí a los demás? ¿Tienes en cuenta lo que tú sientes? ¿Ves RuPaul's Drag Race?

Imagen RuPaul © Logo TV

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